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Cookies de este sitio y cómo controlarlas

Casi cualquier página que abras deja algo escrito dentro de tu navegador, y esta no es una excepción. Lo que viene a continuación explica qué guarda exactamente este sitio en tu equipo, para qué sirve cada archivo, cuánto tiempo aguanta ahí y qué puedes hacer tú si prefieres que no esté. Sin fórmulas de despacho. En dos minutos sabrás qué hay dentro y cómo se quita.

Qué son las cookies

Una cookie es un archivo de texto diminuto que una web le pide al navegador que guarde. Dentro no hay gran cosa. Un nombre, un valor sin significado aparente y una fecha a partir de la cual deja de servir. Cuando vuelves, el navegador se lo devuelve al dominio que lo puso, y así la página sabe que no llegas por primera vez.

Nada de dramatismo. Una cookie no es un programa y no se ejecuta. No lee los documentos de tu disco y no instala nada. Es una nota adhesiva que el navegador archiva en una carpeta suya y solo enseña a quien la creó.

Se clasifican por origen y por resistencia. Las propias las coloca el dominio que estás viendo; las de terceros llegan de un servicio ajeno incrustado en la página. En cuanto a la resistencia, unas desaparecen al cerrar el navegador y otras siguen ahí meses después.

Tipos que utiliza este sitio

El inventario es corto. No hay carrito, ni zona privada, ni pasarela de pago. Solo se lee. Qué se instala lo decide quien figura como registrante del dominio; el casino del que hablamos no interviene ni recibe nada de lo que aquí se mide.

El primer grupo son las técnicas, también llamadas necesarias. Recuerdan el idioma con el que entraste, si ya cerraste el aviso inicial, alguna preferencia de vista como el modo oscuro, y una marca de sesión que reparte la carga entre servidores.

El segundo son las de medición. Cuentan visitas, apartados abiertos, tiempo de lectura, país aproximado y tipo de aparato. Trabajan con identificadores que no llevan tu nombre y devuelven totales, nunca fichas individuales.

No hay cookies publicitarias ni de perfilado, ni píxeles de redes sociales, ni listas de remarketing. Tampoco hay vídeos ni mapas incrustados, la vía habitual por la que se cuelan archivos de terceros. Cuando pulsas un enlace y sales, la web de destino trae su propio aviso y sus propios archivos.

Finalidad de cada grupo

Las técnicas existen para que la página se comporte igual entre un clic y el siguiente. Sin ellas el aviso saltaría en cada carga aunque acabaras de contestarlo, el idioma volvería al valor de fábrica al cambiar de apartado.

Las de medición sirven para saber qué se lee y qué no. Si un bloque largo se abandona a los pocos segundos, o está mal escrito o sobra. Con eso se decide qué apartados se reescriben. Ahí acaba su función. No te siguen por otras webs.

Los dos grupos no reciben el mismo trato. Las técnicas se cargan de entrada, porque sin ellas no hay servicio que prestar. Las de medición esperan turno. Mientras no las aceptes en el aviso no se activa ninguna, y si cambias de idea se apagan igual de rápido. Lo que la normativa dice sobre ese consentimiento y sobre tus derechos va en el documento de datos personales enlazado en el pie.

Cada archivo lleva su vencimiento escrito dentro, y de ahí salen dos familias. Las de sesión duran lo que dure tu visita. Cierras la ventana y se van con ella. Las persistentes sobreviven a ese cierre y esperan en el disco hasta la fecha que tienen marcada.

Casi todas las técnicas de este sitio son de sesión, porque solo tienen que recordar algo mientras lees. La excepción evidente es la que anota tu respuesta al aviso. Si caducara al cerrar la pestaña, el cartel reaparecería en cada visita, así que esa aguanta meses.

Las de medición también son persistentes, con plazos que se cuentan en meses. Su reloj se reinicia en cada visita, así que caducan solas si desapareces una temporada larga.

No publicamos una tabla con el plazo exacto de cada nombre. Las herramientas que los generan cambian esos valores por su cuenta. El dato del día en que lo consultes está en el panel de desarrollo del navegador, apartado de almacenamiento.

Cómo configurarlas o eliminarlas

El primer mando está en la propia web. El aviso que sale al entrar permite rechazar la medición y quedarte con lo imprescindible, y esa decisión se revisa después volviendo a él. El segundo está en el navegador, que manda por encima de cualquier web.

Los nombres de los menús bailan con cada actualización, pero el sitio donde mirar es el mismo:

En cualquiera de ellos eliges entre tres posturas: aceptar sin más, bloquear solo las de terceros, o bloquearlas todas, la opción más estricta y la que más cosas rompe. La ventana privada es una vía intermedia. Dentro funcionan con normalidad y se borran al cerrarla.

Dos advertencias antes de pulsar. Borrar desde el navegador afecta a todas las webs a la vez. Te saldrás de las sesiones abiertas en el correo, en la tienda y en la banca electrónica. Y si usas varios aparatos, hay que repetir la limpieza en cada uno.

Consecuencias de desactivarlas

Aquí no hay castigo por decir que no. Si rechazas la medición, el contenido se sirve entero y sin recortes. Lo único que cambia es que dejamos de ver qué apartados se leen y cuáles se abandonan.

Si bloqueas todas las cookies desde el navegador, lo que notarás es incomodidad, no una web rota. El aviso reaparecerá cada vez que entres, porque el archivo donde se apunta tu respuesta es justo el que has prohibido. El idioma y las preferencias de vista volverán a su estado inicial en cada carga, y alguna página puede tardar algo más cuando hay tráfico alto.

No pierdes nada tuyo. Sin cuenta, sin historial guardado y sin favoritos ligados a un perfil, no hay progreso que se borre. Eso sí, un bloqueo total afecta a toda tu navegación, y hay servicios corrientes que sin cookies ni siquiera te dejan entrar.

Y si todavía no conoces el resto del sitio, la portada resume qué se analiza de esta marca y por dónde empezar.

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